El pasado 27 de diciembre se celebró la primera carrera San Silvestre Villa de Salobreña. Sobre el papel eran 3 kilómetros, una carrera familiar y mi reencuentro con la alta competición tras más de 3 meses repartiendo juego y dejando que se subieran otros a lo más alto del cajón. Eso sí, en este tiempo he llevado un severo entrenamiento consistente en comer como si en 2012 se acabara el mundo (por si acaso).

Principalmente, con el ánimo de apoyar esta carrera, que se celebren más ediciones y para vivir el buen ambiente que suele haber en las San Silvetres, me planté en Salobreña con mi camiseta verde Primeguis y con mi gorrito de Papá Noel (y casi su barriga). Siguiendo una vieja costumbre me puse el último antes de escuchar el pistoletazo de salida (o en este caso el ¡preparados, listos, ya!) cuando un dedo exigía mi atención por la espalda. En ese momento me vino a la memoria la excelsa gloria del club Primeguis y su creciente popularidad allende las fronteras malagueñas y me dije: «si Calexico, Wachisnei, Correyunquera, etc. siempre dicen que los saludan y felicitan por el club Primeguis, a mí está a punto de pasarme lo mismo (snif)». Me di la vuelta casi con lágrimas en los ojos, pero me había equivocado estrepitosamente. Era un niño que mirándome fijamente a los ojos me espetó: «TE VAS A FUNDIR EN 5 MINUTOS» y se esfumó.

¡¡Qué razón tenía el jodío!!

Dieron la salida y el primer kilómetro lo hice detrás de un corredor con cabeza de lobo (o de un lobo con cuerpo de corredor) a un ritmo que no había experimentado creo que nunca (4m37s). A los 5 minutos recordé las sabias palabras del candoroso niño (a.k.a. «el jodío»), realmente, estaba más reventado que Promesa en una pastelería. Intenté aminorar el ritmo camino a la meta. Iba convenciéndome de que por fin iba a poder acabar una carrera de manera tranquila, que no hacía falta seguir a un ritmo inferior a 5m/km, cuando, inexplicablemente, a 500 metros de la meta, y mientras me iba dejando llevar con estos placenteros pensamientos (seguramente debido a la falta de riego sanguíneo en el cerebro) todo el pueblo de Salobreña me gritaba allá por donde iba «¡QUE TE VA A ADELANTAR, TE VA ADELANTAAAR!» (véase cómo en la foto todo el público tiene la boca abierta, concretamente están diciendo la AAA de adelantAAAr). Así que todavía más inexplicablemente y contrario a mis buenas maneras, me puse a correr con más ímpetu que Calexico en un cross con charcos. Lo di todo allí en la meta para dejar el pabellón del club en lo más alto, protagonizando un trepidante final de carrera que pasará a los anales de la historia del atletismo popular de la Costa Tropical granadina.

Finalmente fue 2,34km (no 3km) a ritmo de 4m51s (mi carrera más rápida hasta la fecha aunque también la más corta).