El gran vídeo de Juan que vimos la noche antes.

 

ESPARTANO.

El pasado 28 de Septiembre de 2014 se celebró la 41ª edición de la Maratón de Berlín en el que se congregaron 40.000 corredores de todas las nacionalidades, razas y condiciones. Una auténtica fiesta del Atletismo, la cual tiene una magia y un atractivo especial. Un recorrido magnífico, temperatura ideal, las calles abarrotadas de gente, 80 bandas de música animando todo el recorrido. Todo esto lo corrobora en que de los últimos 8 record del mundo de Maratón, 5 se han conseguido en Berlín. En esta edición el keniata Dennis Kimetto rebajó la barrera de las 2 horas y 3 minutos, arrebatándole el record conseguido por su compatriota Kipsang en la pasada Maratón de Berlín.

 

Entre esos 40.000 afortunados runners se colaron unos pocos corredores portadores, de como dice nuestro Bandío, de la verde pistacho. 7+1 Primeguis eran los elegidos para disfrutar de esta Maratón: Juan Moreno, Jose Quevedo, Chema, Fernando, Susje, Carmen Are y Espartano…Y un invitado de última hora, ese pedazo de Oskar Wachisnei.

 

Siempre he dicho que un maratón es un reto en sí mismo, todo el que sea capaz de cruzar la meta ya es un gran privilegiado. Como maratoniano (sólo llevo 3 y esperemos que sean muchos más) siempre que me piden consejo algún compañero, siempre digo que lo más importante de un Maratón es llegar a la línea de salida, sano y con muchas ganas de correr. Bajo mi punto de vista un plan de Maratón debe estar enfocado a llegar a ese día D y hora H en perfectas condiciones y que ya la carrera pone a cada uno en su sitio.

 

Con ese pensamiento y después de acabar la temporada de asfalto con la Media de Málaga, mi paso por la montaña en 2 pruebas duras como el Cara Los Tajos y la Animal Trail y mi tratamiento Express para el dolor en el talón. (Gracias a Boni) Llegó el principo de Julio donde Juan, Jose y yo, asesorados por el Runner-Coach Fernando; comenzamos un plan de 13 semanas para hincarle el diente al que sería mi tercer Maratón. El gran hándicap de la preparación era la estación veraniega, a tener en cuenta sobre todo en Málaga, con nuestro inseparable amigo “Er Terrá”.

 

Durante 7 semanas de rodajes, series, intervals y tiradas largas con mi compañero de fatigas, Jose; ibamos cogiendo fuerza, ritmo y confianza. Pero como en todo plan de maratón siempre llegan las molestias. Una sobrecarga en la semana 8 en el cuadriceps, me hizo tener que descansar unos días y volver la semana 9 con más fuerza. (Para los próximos maratonianos de Málaga, parar una semana y superar una lesión vale más que obsesionarte con seguir entrenando y romperte para varias semanas) En este tiempo conocimos la mala noticia que Fer, se había roto un dedo del pie y que seguramente no podría correr.

 

Llegamos a Septiembre con las últimas tiradas largas y por primera vez para mí el famoso Test de Gavela que me iba a dar, una aproximación del ritmo adecuado para el maratón y de la forma en la que me encontraba a falta de 11 días para la prueba. Salió mejor de lo esperado, el ritmo de 4:40 min/km no era descabellado, sabía que posiblemente no iba a poder llevarlo toda la carrera, pero me daba confianza de saber que no me iba a alejar mucho del sub 3h: 20min que era mi objetivo inicial. Días antes nos despidieron los compañeros en el entreno grupal.

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Y llegó la ansiada pero a la vez nerviosa Semana del Maratón, en el que cambias la dieta, intentas no acercarte a nadie que tenga un mínimo resfriado, intentas no bajar escaleras, hidratarte bien y sobre todo descansar lo más posible. El jueves marchamos con nuestras maletas (equipaje de mano para EasyJet) cargadas de ilusión y poca ropa después de un día ajetreado de trabajo, revisar que faltase nada. Después de que olvidara esperar a Fer en el aeropuerto para recoger su DNI para que pudiera recoger su dorsal en la feria del corredor y de como convencí a un empleado de tierra para que saliera a buscarlo. Despegamos, Natalia, Chema, Jose y yo de Málaga en dirección a la tierra prometida que todo Maratoniano debe alguna vez en su vida pisar, Berlín.

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Una vez aterrizados pasamos noche en un hostal cerca del aeropuerto, donde pasar noche ya que llegamos cerca de las 12 de la noche. A la mañana siguiente y después de un desayuno invitado por el hotel Leonardo, nos dirigimos Jose y yo hacia el centro de Berlín al hotel Ibis Budget AlexanderPlatz que iba a ser nuestro centro de operaciones. Una vez allí nos encontramos con Carmen Are, Jesús, Raquel con el que pasamos buena parte de la mañana viendo AlexanderPlatz, El muro de Berlín, el barrio nuevo de Kreuzberg donde almorzamos, como no podía ser de otra manera, “Pasta con…” para recargarnos bien de glucógeno.

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A la tarde ya nos encaminamos hacia la feria del corredor (ExpoVital) situada en el antiguo Aeropuerto de Templehoff, eso es una feria y lo demás son tonterías. Estuvimos toda la tarde y nos tuvieron que echar porque no nos queriamos ir. Allí había desde puestos de geles, de zapatillas de cualquier marca, puestos de cerveza, de salchichas, hasta stands de todas las Maratones Europeas que se promocionaban, en la que se encontraba la de Málaga. Una vez recogido nuestro dorsal con nuestra bolsa del corredor con nuestras camisetas, incluida la de Finisher (no entiendo que te la den 2 días antes y no en la meta) fuimos a que nos dieran un masaje relajante que habíamos cogido en la inscripción, que nos vino muy bien para relajar las piernas.

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De vuelta hacia AlexanderPlatz, vimos para el regocijo de unos y el martirio de otros, que se había montado la OktoberFest allí mismo (en cristiano, la feria de la cerveza) Jarras de cervezas de “alitro” y salchichas que podrían amansar a una jauría de perros con la rabia. Contraindicado totalmente para aquel que correría una maratón en apenas unas 30 horas. A base de Cerveza de Mariquita (es decir, sin alcohol) y de trozos de pizza, pasé la noche. Ese sacrificio tendría su premio en el gran día que se acercaba.

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Se levantó el Sábado con día magnifico, despejado y con buen tiempo. Se esperaba que siguiera así el día de la carrera, así que el optimismo iba en aumento, esa mañana la aprovechamos para ver la puerta de Brandemburgo, la que nos iba a dar la gloria, el monumento al holocausto, el Parlamento, la catedral y la plaza Postdam, que también iba a ser parte del recorrido, concretamente el km 40. Iba visualizando como iba a pasar por esa parte del recorrido, y enfilando la puerta de Brandemburgo hacia la meta. Todo acompañaba, todo iban según lo previsto, acompañado de los Primeguis comiendo de nuevo “Pasta con…”.

El ánimo estaba por las nubes. A la tarde yo insistía en ir a descansar un rato al hotel y ya no dejar la zona para evitar el pateo del turista, las piernas debían estar frescas.

De regreso al hotel, merendamos y a descansar un rato y prepararlo todo para el domingo (equipación Primeguis, geles, zapatillas, dorsal, portadorsal, chip, Garmin, vaselina…). Ya reunidos en el hotel, Juan, Jose, Fer y yo, cenamos de nuevo por si no os lo imagináis, “Pasta con…” y Fernando nos comunicó que tenía pensado correr, con una media sonrisa, no sabíamos si creerle o no. Pero nos avisó que tenía varias sorpresas preparadas.

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La primera llegó el Sábado por la noche previo al Maratón, nos reunimos en el apartamento de Jesús, Raquel y Carmen para que nos sorprendieran increíblemente con un video, realizado por Juan “Spielberg” Moreno, de ánimo de los compañeros y de nuestras familias. Resultó muy emotivo y cayeron alguna que otra lágrima de la emoción. Al autor del vídeo también se le aplicó su propia medicina y fue obsequiado con otro, de toda su familia y amigos por cortesía de los prestigiosos Wachisnei Studios.

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Acabada la reunión nos marchamos de vuelta al hotel, ya todo estaba hecho, sólo quedaba dormir unas horas y la carrera que tanto tiempo habíamos esperado comenzaría. Normalmente se suele dormir poco la noche pre-maratón, en mi caso no fue así, dormí del tirón hasta que sonó el despertador a las 6:00 am (no estaba nervioso, ni tenía dudas, quizá la experiencia de no ser mi primer maratón, quizá la confianza de saber que los deberes estaban bien hechos y no había porqué dudar). Bajamos a desayunar, recogimos nuestras mochilas y dirección a la salida que debía reunir a unos 40.000 corredores.

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Una vez en la puerta de Brandemburgo, era un hervidero de gente con mochilas, yendo de un lado a otro, gente de la organización ayudando a dirigir a las multitudes. En ese tiempo Fer y Juan se nos perdieron (supuse que era por el nerviosismo de Juan de llegar a su cajón lo antes posible) Así que los demás nos dispusimos a cambiarnos y colocarnos el dorsal y a realizarnos las fotos para el recuerdo. Nos despedimos Jose y yo de Jesús, Chema y Carmen que estaban en el último cajón. Nosotros salíamos del cajón que comprendía entre 3.30 y 3.15.

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Dejamos las mochilas y para llegar al cajón fue una odisea. Había que atravesar todo el Tiergarten, que aprovechamos para trotar e ir calentando, una vez allí una cola inmensa para entrar en el cajón E, ya casi estábamos dentro y sonó la salida de los cajones más rápidos. Una vez dentro del cajón en unos segundos se nos dio la salida del nuestro, uf, ¡¡por los pelos!! No dio tiempo a pensar, ya estamos corriendo. La Maratón que tanto habíamos soñado estaba en marcha.

 

La Gran Avenida del 17 de Junio inundada por corredores iniciamos la marcha, quedaban por delante 42,195 km hasta meta. Sólo unas pocas horas para pasar bajo la puerta de Brandenburgo histórica. Los primeros 10 km fueron como si nada, ibas en una nube, dejándote llevar por la masa humana, pero controlando que la euforia para no ir demasiado rápido. 10k en 48 minutos y poco (cayó el primer gel). Ritmo según lo previsto. En el 10,5 km nos esperaban Natalia y Raquel para darnos ánimos y tirarnos alguna que otra fotillo.

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Pero aquí fue donde nos llevamos la gran sorpresa de la Maratón. Después de pasar una rotonda con unas cheerleaders con pompones, se nos une Oskar!! Había volado el día antes para correr con el dorsal de Fernando. Finalmente él no corría y Sí su dorsal con un invitado de excepción. Si ya con la euforia del inicio de la carrera los kilómetros caían como si nada. Con la compañía de Oskar (contándonos toda su odisea para llegar a Berlín y hacer lo posible para que fuera una sorpresa), Jose, Oskar y yo llegamos a la media maratón también según lo pensado. 1h: 41min:02s (segundo gel). La idea era hacer un par de minutos más lenta la primera media y apretar si fuese posible en el final. En ese momento Oskar nos dejó para unirse a los Primeguis que venían detrás.

Cabe hacer mención al único “pero” que le pondría a esta carrera y son los avituallamientos. Vasos de plástico y agarrar uno de ellos era una aventura ya que la gente se paraba en las mesas a beber, y tenias casi pararte para poder pillar uno. Se podía perder fácil en torno a 10 segundos por avituallamiento.

 

Una vez pasada la mitad de la carrera me dispuse a apretar un poco el ritmo, rondaba el 4:36 min/km en los tramos sin avituallamiento y se me iba a 4:50 min/km en los km con agua. Al menos iba compensando los tiempos. Jose ya dio muestras que no estaba en su mejor nivel y le costaba seguir mi ritmo, parecía que se quedaba en el km 25 pero aguantó hasta el km30 (tercer gel) que con buen criterio, bajó el ritmo para poder acabar la carrera con buenas sensaciones.

Ya me quedaban sólo 12km y estaba solo ante el “verdadero maratón” Hay un dicho por ahí que dice que un Maratón es una carrera de 12km con 30km de calentamiento. Me veía entero y con fuerzas para aguantar hasta el final, había corrido con cabeza y guardando energía para el último arreón.

 

En menos de una hora habría acabado, era momento de apretar los dientes y correr con todo lo que tenía. El ritmo seguía bajo control, sobre 4:45 min/km, sobre el km35 (breve ingesta del último gel) otra sorpresa, Fernando con la GoPro, se unió a correr un tramo, dándome ánimos que se agradecían enormemente en esos momentos. Ya las fuerzas van justas y se te va nublando la consciencia, ya vas contando los kilómetros que te faltan, pero iba bien, los ánimos del público te sacaban una sonrisa que hacían engañar un poco al cerebro. Atisbé la Postdamer Platz, esa plaza era familiar, la meta estaba cerca, menos de 3km. Hay fue cuando la cosa se torció un poco, una ampolla del dedo del pie me reventó y mantener el ritmo hacía que el dolor fuera intenso. Mantuve como pude el ritmo, había que luchar, sólo quedaba una curva y encarar la última recta de poco más de un kilómetro hasta la Puerta de Brandenburgo y la meta. En el último viraje estaban Raquel y Natalia con las banderas, Juan como era de esperar en su ritmo endiablado ni las vio. Me acerqué a recoger la Bandera de España Primeguis, intenté colgármela al cuello sin éxito. Se me cayó y vi que la dejaba atrás, tuve que volver sobre mis pasos para recogerla, ya por fin si se quedó en su sitio, sería la segunda vez que esa bandera cruzase bajo la Puerta de Brandenburgo. Avanzaba jaleado por los españoles que reconocían la bandera y me animaban como si los conociera de toda la vida. Ahí tuve sentimientos encontrados, mis piernas querían acabar ese maltrato que al que le estaba sometiendo, pero yo quería seguir disfrutando de esos últimos metros de esa carrera por la que había luchado tanto.

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¡No quería que acabase! No pensé, Corrí y crucé la meta, gozando, gritando, con los puños apretados y con un “Vamooos” liberador. Ya estaba hecho, no había que correr más, otra maratón hecha y con buenas sensaciones y que quizá podría haber dado algo más. 3 horas 22 min y 05 segundos. MMP y lo curioso la segunda media clavada a la primera 1h : 41min y 03s. Pero no importaba, me colgué mi medalla de Finisher y me asombré al ver que Kimetto había batido el Record del Mundo. El día era perfecto, una Gran Cerveza Sin alcohol me esperaba para saciar mi sed, al poco encuentro a Jose que había terminado y muy contento por su carrera. Nos hicimos las fotos de rigor y a la espera de que acabaran los demás Primeguis.

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Una vez todos en el punto de reunión las fotos para inmortalizar la hazaña de todos, en los lugares más importantes para que el día fuese inolvidable. Grabamos nuestra medallas, recogimos nuestros diplomas y rumbo al hotel a una merecida ducha y descanso, que ahora sí! La Oktoberfest iba a temblar. Dimos rienda suelta a las cervezas. Ésta vez con alcohol y entre Currywurst, y demás delicias culinarias alemanas se nos fue el día entre felicitaciones y enhorabuenas por el día vivido.

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Al día siguiente era un día Feliz y Triste, a la vez. Feliz por lo conseguido y por la experiencia vivida, pero triste porque el sueño que tanto anhelamos y que se hizo realidad se acababa pero quedaría para siempre en nuestra memoria.

La vuelta a Málaga fue algo accidentada, corriendo porque casi no llegamos al avión pero una vez dentro nos entregamos al cansancio acumulado pero con satisfacción de haber disfrutado hasta el último momento de estos días de ensueño.

Ya sólo nos queda recordar con alegría lo vivido pero tener en mente la siguiente carrera.

¡¡PRIMEGUIS NOS VEMOS EN EL SIGUIENTE MARATÓN!!