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Parece que fue ayer y ya ha pasado un año desde mi primera Media de Málaga. El día de la «Media Mocotón», donde se juntaron todos los hados de la mala suerte para pillarme la madre de todas las gripes, en vísperas del que iba a ser el gran hito de mi carrera. Pero el domingo me saqué la espina que tenía clavada, y eso sin estar en las mejores condiciones debido a la lesión de psoas que me acarreé entrenando en los montes en verano.
Pero bueno, a lo que íbamos, que me voy por los cerros de Úbeda, valga la redundancia. Llevaba una semana mirando cada 10 minutos la web de la Aemet, a ver si la previsión del tiempo cambiaba y no llovía, pero ni por esas. El pronóstico del tiempo era muy claro, iba a llover o en su defecto, a caer agua del cielo, no quedaba otra. Así que, cuando me desperté a las 7 ese día y el cielo estaba negro como el sobaco de un grillo y mi perra me dijo que saliera yo a la calle, no fue ninguna sorpresa. Así que cogí la equipación Primeguis para lluvia, que es la misma que para seco pero con una gorrilla y marchando hacia el Carpena, a encontrarme con los otros 58 Primeguis que iban a correr conmigo. Que pechá gente.
El ambiente era completamente diferente al año pasado, la explanada del Carpena en vez de estar llena de gente estirando y calentando, estaba casi vacía, y todo el mundo se acumulaba debajo de los techadillos del Estadio de Atletismo y del Palacio para no mojarse mas de la cuenta. Nos reunimos poco a poco y allí fui poniéndole caras a gente que sólo conocía del chat. Foto de grupo (cada vez somos más) y a los cajones virtuales de salida. De camino nos encontramos a Juan Moreno, que en este caso era John Brown, porque estaba con los guiris del CLC Striders, nuestro club hermano de Inglaterra, todos muy guiris ellos. Anda, que se vienen a correr una media maratón a la Costa del Sol y Lorenzo no asoma ni en pintura. Bueno, por lo menos iban a correr como en casa y con lo que se ahorran en crema protectora se pueden tomar unas pintas.
Como siempre, la melodiosa voz de Manolo Sarria nos acunaba mientras nos dirigíamos a la salida. Yo iba a salir con el grupo de sub 2 horas, Natalia, Chema, Adela, Fran…. nos vamos encontrando por ahí a Primeguis despistados que iban a otros tiempos, o los despistados éramos nosotros. El caso es que los cajones de salida eran tan amplios que no había cajones, así que había un montón de sitio libre.
A la hora en punto, o más o menos, el Linterna dio la salida y nos pusimos a andar, y que salida, señores, ¿un disparo? ¿un cañonazo? ¿una sirena? Que vá, un “uno, dos, tres,…. ya” como en el patio del colegio. Hala, maricón el último.
Al poco de salir, Natalia dijo que iba tocadilla del gemelo y ella y Chema se quedaron un poco atrás, así que Adela y yo iniciamos la caza del globero de 2 horas que nos había adelantado un rato antes. Se notaba que había mucha gente estrenando tenis porque vez que había un charquillo de agua se liaba pelotera para no pisarlo.
Me puse a tirar con Adela a un ritmo tranquilo pero firme, no quería ir muy rápido porque tenía un poco de molestia en el muslo, mi amigo el psoas infame ya iba diciendo: “Ya estoy aquí, capullo, ¿a que me echabas de menos?”. Ritmo 5,40 el kilometro, cuando podíamos nos íbamos por los carriles laterales e incluso por la acera, para esquivar la cantidad de gente que había, la verdad es que no dejabamos de adelantar gente en ningún momento. Un guiri casi octogenario empezó a tirarle los tejos a Adela, hasta que llegó a la altura de su señora que lo estaba esperando para darle…..un fanta naranja, “Caballero, eso es doping» le dijimos.
En los avituallamientos se nos escapaba el globero, porque el muy mamón no cogía agua, se la llevaban, así que no perdía tiempo. Vimos un par de bajas ya por el kilómetro ocho, uno era un marroquí del Nerja que pensamos que era El Mouaziz, pero a la vista está que nos confundimos.
Ya entrando al Centro es cuando empecé e disfrutar la carrera de verdad, el dolor de la pierna se había pasado y salvo ligeras molestias en los dedos de los pies, iba de lujo. En calle Alcazabilla nos adelantó María, que iba como una moto. La verdad es que el tramo del Centro se me pasó volando, y eso que la gente animaba más bien poco, era yo el que iba animando al público, “Coño, que parece que estas viendo una procesión, animad algo”. Un grupo de turistas japoneses eran los únicos que tenían una poquita de sangre.
Sobre el kilómetro 15, en el puente de la Esperanza con las estrecheces y los giros, perdí de vista casi a la vez a Adela y al globero y me encontré solito y sin referencias, así que como iba bien decidí apretar. Al poco adelanté al liebre de 2 horas que se le había pinchado el globo y ya que estaba lanzado, apreté un poco más. Qué sensación, no me creía que podía ir tan bien con 15 kilómetros en las piernas ya. Según mi reloj, entre el km 15 y el 19 hice una media de 5’05, adelanté a varios Primeguis que habían salido más o menos con nosotros, Fran, Luis, Heredia que iba cojeando, Mami, que iba tocada, pero que venía de hacer podium en un trail de 20 km. el día anterior. Yo estaría en la cama, vamos. Adelanté a María que iba fuerte también, pero….. como todo lo bueno, se acaba pronto, el muslo me empezó a dar pinchazos y me lanzó un mensaje muy claro. “Si no quieres petar, afloja, macho”. Así que le hice caso y bajé el ritmo, con lo que María me volvió a adelantar otra vez. Ya con el estadio a la vista, iba como en una nube. Todavía adelantando gente, aunque había aflojado. Vi a María llegar al estadio a lo lejos y al poco entré en meta apretando, con sensación de que podía haber hecho mejor marca. Sólo buscaba en la grada a mi familia y allí estaban….que subidón. Ya dentro del estadio me encontré con María y Are, habíamos llegado los tres casi seguidos. Sub 2 horas conseguido, el psoas no ha petado del todo y los daños colaterales no han pasado de tres uñas de los pies negras. Ahora a ver lo que dice el traumatólogo, a curarse bien y a bajar de tiempo en la próxima. Eso es todo, amigos.
Besos.
Custo