ESPARTANO.

Cuando la maratón te pone en tu sitio


Pues ya está, otra maratón terminada y van 4! Esta vez tocaba en París que este fin de semana estaba a rebosar de gente y el ambiente de sus calles al máximo. Y es que una maratón como la de París, creerme que mueve a muchísima gente, nada más que 54.000 inscritos.

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Sabor agridulce con mi resultado, de las Maratones que he terminado ha sido en la que peor he corrido, aunque esta no ha sido mi maratón más lenta de todas, de hecho estoy relativamente contento de cómo la he afrontado. El problema viene de mucho más atrás. Cuando uno se embarca en la preparación de una maratón al principio todo son ganas y motivación. Uno piensa entrenar mejor que nunca y llegado el día “D” correr más allá de sus límites conocidos hasta la fecha.

Luego la realidad suele ser distinta, bastante distinta en mi caso esta vez. Empecé con los entrenamientos allá por el mes de Enero. Una de las claves de éxito es el ir encadenando entrenamientos, no hace falta que sean entrenamientos de muchísima calidad pero si es el ser constante y respetar los ciclos de carga y descanso. Y eso con el carrusel de carreras que venían en estas fechas se complica bastante. Que si un día haces la media de Alhaurín, que si la media de Torremolinos te embalas y haces mejor marca y la semana siguiente empalmas un día de series con CXM de Calamorro. Y sin casi tiempo de recuperación, más entrenos duros y la Media de Álora con su Trabanca.

Me dejaron tocado de piernas y tuve que bajar drásticamente los kms para llegar medio en condiciones al Test de la Media de Málaga que salió mejor de lo que pensaba.

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Y llega el día “D” casi sin darte cuenta y de repente estoy en París y delante 42 Km., casi nada. Entonces me planteo la estrategia para la carrera. Evidentemente mi estado no es óptimo y renuncio de antemano a cualquier marca “espectacular” y me planteo hacer una carrera en progresión para acabar bien dentro de lo que cabe. Pero entonces me asalta la pregunta del millón. ¿A qué ritmo tengo que ir? Una maratón es que cómo cuando uno juega al siete y medio, se trata de estar lo más cerca del siete y medio pero sin pasarse. En caso de que te pases ahí está la maratón para ponerte en tu sitio. Evidentemente uno se puede plantar con un 4 y hacer turismo por las calles de París.

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Una opción del todo respetable pero que no va con mi filosofía. En la medida de los posible, en competición, a mí me gusta sacar lo mejor de mí mismo, sin obsesionarse, un minuto arriba o abajo no van a ningún sitio, pero corriendo en cada carrera lo que en ese momento tengo en las piernas.

Se levantó el día relativamente bueno para correr, buena temperatura y despejado. Los primeros kilómetros han sido cómodos y controlando no pasar de 155 ppm y el ritmo era entre 4.40 y 4.45 min/km, muy animados hasta el km15 pasando por la Plaza de la Bastilla, La plaza de la Concordia hasta el Château de Vincennes todo iba según lo planeado. Sobre el km18 me encuentro con la liebre de 3.15, me sorprende gratamente, se me pasa por la cabeza pegarme a ella pero era muy pronto para arriesgar, así que la dejo ir. ¡Gran Acierto!

Paso la Media Maratón en tiempo para marca personal, proyección de tiempo 3h y 20. Pero ahí venía la parte más dura de la carrera, la parte de los túneles fueron un rompepiernas que hacia que las pulsaciones se fueran por las nubes y tuviera que regular con el consiguiente bajón del ritmo. Pasamos por Notre Damme La Torre Eiffel a la orilla del Sena.

Llegando al km30 ya sabía que la marca se me había ido, no estaba entero. Iba bastante tocado de piernas y la cabeza no la tenía para mucho empuje. Y es cuando se me ha presentado la cruda realidad de la maratón, más de una hora por delante y mi rendimiento ha empezado a caer en picado consecuencia sin duda de la falta de entrenamiento en este último mes y de que el ritmo escogido era demasiado para mí hoy. Creerme que es una sensación muy desagradable, es como si estuvieras en la mitad del mar a la deriva. No sabes si te queda combustible para llegar a la costa y el viento no sopla a favor. Las piernas pesan como losas y cada paso es un esfuerzo al límite. Mentalmente, en mi caso hoy, he perdido el foco y ya ni sabes para lo que estás corriendo, sólo quieres llegar cuanto antes pero esto te angustia más y otra vuelta más a la espiral de pensamientos negativos. El paso por el kilómetro 35 ha sido más muro que nunca pero afortunadamente he logrado no ponerme nervioso diciéndome mil y una veces eso de “Tu puedes con esto y con más”. He comido bien en los avituallamientos y a partir del Kilómetro 37 he podido volver a concentrar en mi ritmo y no sólo en el agotamiento. He puesto de nuevo la calculadora en marcha y he comprobado que había posibilidades de hacer una marca digna y a eso me he agarrado para llegar a la meta con los brazos en alto y con el Arco del Triunfo de Fondo y con la satisfacción de haber terminado otro Maratón en un tiempo de 3h 32min y 24 s

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Cada maratón te deja un poso distinto y una serie de reflexiones tanto más instructivas cuanto más cuesta arriba se te hace. Intentaré aprender de las lecciones que he recibido en esta Maratón de París y desde mañana a buscar un nuevo reto donde ponerlas en práctica.

No era el día para hacer marca pero he disfrutado como el que más que de eso se trata.

TODO SUMA, TODO LLEGA Y TODO PASA.

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